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Calle 28 # 10 – 04
Chiquinquirá, Boyacá
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Fines de Semana: 9AM - 12PM
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Hablar de probióticos no es hablar de una moda reciente. La historia científica de estos microorganismos comenzó hace más de un siglo.
El científico ruso Élie Metchnikoff, Premio Nobel de Medicina en 1908, fue el primero en proponer que ciertas bacterias intestinales podían tener efectos beneficiosos para la salud humana. Con esta idea se inició una larga línea de investigación sobre la funcionalidad de la flora intestinal.
Sin embargo, durante gran parte del siglo XX, los estudios se limitaron principalmente al cultivo de bacterias en laboratorio. Aún no se comprendía la enorme complejidad del ecosistema microbiano que habita en nuestro cuerpo.
El verdadero punto de inflexión llegó en 2007 con el lanzamiento del Human Microbiome Project, una iniciativa liderada por los National Institutes of Health de Estados Unidos.
Su objetivo fue mapear el microbioma humano e identificar las miles de especies bacterianas que viven en nuestro organismo y cómo interactúan entre sí.
Entre sus principales conclusiones se destacó que:
Estos hallazgos marcaron el inicio de una nueva era en la nutrición y la medicina preventiva. (1)
A partir de estos descubrimientos surgieron distintas estrategias terapéuticas y nutricionales y estas son sus definiciones:
Son componentes no digeribles de los alimentos —principalmente fibras— que sirven de alimento para los microorganismos beneficiosos del intestino. Estimulan selectivamente el crecimiento de bacterias buenas.
Son microorganismos vivos que, cuando se consumen en cantidades adecuadas, confieren un beneficio a la salud del huésped, definición respaldada por la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
Son productos que combinan probióticos y prebióticos, buscando potenciar el efecto beneficioso de ambos.
Aunque los términos suelen confundirse, cada uno cumple una función específica dentro de la dieta y la modulación de la microbiota. (2)
Existen cientos de estudios clínicos que han evaluado los efectos de distintas cepas probióticas. Es importante aclarar que los beneficios son específicos de cada cepa, no del género en general.
Algunos ejemplos relevantes:
La conclusión es clara: la evidencia existe, pero debe analizarse con criterio científico y especificidad de cepa.
Algunos probióticos están presentes de forma natural en alimentos fermentados; otros han sido cultivados y estandarizados en suplementos dietarios.
A continuación, se resumen algunas de las cepas más conocidas:
| CEPA | ALIMENTOS DONDE SE ENCUENTRAN | ¿TAMBIÉN EN SUPLEMENTOS? | FUNCIÓN PRINCIPAL |
| Lacticaseibacillus rhamnosus | Yogures con cultivos añadidos, leches fermentadas funcionales | Sí | Prevención de diarrea asociada a antibióticos, apoyo inmunológico, ayuda en SII |
| Lactiplantibacillus plantarum | Chucrut, kimchi, encurtidos fermentados | Sí | Reducción de gases y apoyo digestivo |
| Lactobacillus acidophilus | Yogur natural con cultivos vivos, leche fermentada, algunos quesos | Sí | Mejora digestión de lactosa y equilibrio intestinal |
| Saccharomyces boulardii | No suele encontrarse en alimentos comunes | Principalmente en suplementos | Prevención de diarrea asociada a antibióticos |
| Bifidobacterium lactis (B. animalis subsp. lactis) | Yogures funcionales, fórmulas infantiles | Sí | Mejora tránsito intestinal |
| Bifidobacterium longum | Yogures enriquecidos específicos | Sí | Apoyo inmunológico y eje intestino-cerebro |
Los entes reguladores como el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos en Colombia, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y la Organización Mundial de la Salud no establecen una dosis universal recomendada.
¿Por qué?
Porque la dosis efectiva depende de:
En estudios clínicos, las dosis más utilizadas suelen oscilar entre 1 × 10⁹ y 1 × 10¹¹ UFC/día, dependiendo del objetivo terapéutico.
Probablemente ya consumes probióticos sin notarlo. Tal vez te han ayudado durante un episodio digestivo o después de un tratamiento con antibióticos.
Pero hay algo fundamental: para que estos microorganismos sobrevivan y ejerzan su función, necesitan alimento. Y ese alimento son los prebióticos, principalmente fibras fermentables.
En nuestra próxima entrada exploraremos qué son estas fibras y cómo el yacón puede convertirse en una fuente funcional interesante dentro de tu alimentación. Porque entender lo que ocurre en tu microbiota es comprender una parte esencial de tu bienestar. Y cuando entendemos lo que comemos, tomamos decisiones más conscientes.